Cambiar de vida de una manera tan radical, como yo lo hice, implica de
antemano, tener que renunciar. Uno
tiene que estar dispuesto a renunciar al trabajo (no saben lo bien que se
siente, sobretodo la última semana), a renunciar a una casa (así sea de manera
temporal), y a renunciar a todo aquello que tenga que ver con una rutina
sedentaria: no más celular (créanme: no son necesarios!), no más despertador
(oh, si…), no más juego de llaves. No más subte tedioso en hora pico, no más
nudos en la panza por el sueldo atrasado. Y podría seguir enumerando
infinitamente las cosas “negativas” a las que uno renuncia sin esfuerzo, porque
vamos, quien no se ha confesado, así sea
para sus adentros, las ganas de mandar todo a la merd y ponerse un barcito en
el Caribe.viernes, 20 de julio de 2012
Amigos
Cambiar de vida de una manera tan radical, como yo lo hice, implica de
antemano, tener que renunciar. Uno
tiene que estar dispuesto a renunciar al trabajo (no saben lo bien que se
siente, sobretodo la última semana), a renunciar a una casa (así sea de manera
temporal), y a renunciar a todo aquello que tenga que ver con una rutina
sedentaria: no más celular (créanme: no son necesarios!), no más despertador
(oh, si…), no más juego de llaves. No más subte tedioso en hora pico, no más
nudos en la panza por el sueldo atrasado. Y podría seguir enumerando
infinitamente las cosas “negativas” a las que uno renuncia sin esfuerzo, porque
vamos, quien no se ha confesado, así sea
para sus adentros, las ganas de mandar todo a la merd y ponerse un barcito en
el Caribe.miércoles, 18 de julio de 2012
Crónicas de una reVuelta (parte II)
El paso de
Jama me resulta un total engaño. No se que me esperaba, pero supongo que aunque
uno no se haga ilusiones, haberlo visto tantas veces en el mapa, tan chiquito,
apenas representado con dos lineas imperceptibles, me habían hecho pensar que
era cuestión de cruzarlo y ya. Sin embargo, por delante quedan más de 100 km.
hasta llegar al puesto fronterizo patrio. ¿De quién son todas estas tierras? Si
yo nazco acá (pobre de mí con este frío), ¿soy chilena o argentina?
El camionero interrumpe mis dilemas limítrofes con nuevas historias de mochileros narcos. Juan abdicó ante el sueño. Debe ser una de la pocas veces que lo veo dormirse arriba de un vehículo. El paisaje es bello. Los amarillos resaltan con la luz del sol, algunas llamas corretean esbeltamente y rastros de nieve aleopardan el suelo. Todo me parece hermoso, hasta la ansiedad que tengo por volver a sellar mi pasaporte por última vez en este viaje. Pero Alberto insiste.
lunes, 9 de julio de 2012
Crónicas de una reVuelta (parte I)

Juan me dice que falta poco, pero
el cielo de Lima me afirma exactamente lo contrario. Está violeta, y yo lo amo.
Y no me importa que las noticias que me augure no sean las que quiero, porque
después de todo, un cielo violeta no es algo que uno vea todos los días. O
todas las noches.
Llevamos más de dieciocho meses
dando vueltas, barrileteando, vagabundeando, caracoleando. Yo ya quiero estar
en mi casa. No es que me muera de ansiedad de ponerme un par de botas y entrar
a la oficina. Al contrario, lo que quiero es volver a tener ganas de viajar,
porque siento que se me cansaron los ojos, que llené los frascos de mis
pupilas, y que necesito aburrirme de mi ciudad para volver a sentir curiosidad,
para tener hambre de nuevo. Ahora, no me importa que tenga Cajamarca a un par
de horas de distancia, ni que vaya a ser esta la segunda vez que me voy de Lima
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