miércoles, 22 de septiembre de 2010

En sus marcas…preparados……listos………YA!

¡Largaron los acróbatas! ¡Sí! ¡No era mentira! Ya estábamos perdiendo un poco de credibilidad porque la estadía en San Nicolás se extendió más de lo que habíamos pensado, pero todo pasa por algo y finalmente valió la pena.

Costó salir entre mudanzas y reuniones familiares. Juan tiene síndrome de abstinencia desde hace dos meses y no lo culpo. No me odien lectores, pero fuimos por mis pagos con la promesa que nos íbamos el 10 de julio y por motivos que van desde un tratamiento de conducto hasta el cumpleaños 70 de mi abuela Imperio, nos fuimos quedando. A mi me hizo bien una sobredosis de vida familiar antes de partir en un viaje semejante, y puedo decir que salimos cuando realmente estábamos preparados para hacerlo.

Tuve que volver a lo escabroso de embalar todo otra vez para luego poder disfrutar de lo primero que uno palpa como real ante un viaje: armar la mochila. Para algunos es un ritual (Juan jura que tiene una técnica y yo no quiero arrancarle la ilusión), y para otros un trámite más. Yo personalmente lo disfruto muchísimo, tengo ropa que es exclusivamente de viaje por lo que doblarla sabiendo que me la voy a poner dentro de poco me redobla la alegría. Esta vez fue distinto, es difícil decidir que llevar cuando se tienen dos años y un continente por delante, y se pretende cargar poco peso. Además reconozco que al momento de seleccionar qué cosas llevar, el criterio que tuve fue un poco distinto al de otras veces… Ya son pocas las cosas que me unen a una vida sedentaria, renuncie a todo aquello a lo que podía renunciar y me lancé a la aventura. Sin embargo siento como una necesidad inexplicable de no perder ciertas mañas femeninas que tiempo atrás no me afectaban. Supongo que cuando me iba sabiendo que a los 3 meses volvía, me importaba más estar cómoda que estar linda. Pero ahora, siendo yo la misma que hace tiempo atrás le hacía chistes a Lala porque se pintaba para subir al avión, necesito no perder pequeñas cosas que me hacen sentir monona, como dice Juan. Son “nenacidades”, según él. Por eso cargué un par de vestidos lindos, algo de maquillaje, y hasta una carterita. Porque aunque pienso ser viajera (no me animo a la palabra nómada aún) durante los próximos dos años no quiero perder mis rasgos de feminidad. Soy una princesa vagabunda: vagabunda, sí, pero bien princesa (aunque a veces no lo parezca)

Salimos el miércoles a la 1. Mi papá, quien no se iba a quedar tranquilos dejándonos en la ruta de salida de San Nicolás se conformó con dejarnos en Pergamino, aunque tuve que insinuarle que hacer dedo con tribuna no es recomendable.



Ahí esperamos poco, porque en seguida nos frenó un camión en cuya lona trasera se leía bien clarito “El Sueño”. Como un guiño de ojo de la ruta, que sabe que ese era el primer paso de un largo camino. El chofer no hablaba mucho pero nos llevó hasta Junin, hogar de Lujan, mi “Mala Amiga”, compañera de estudio de toda la carrera y quien me vio soñar miles de veces con viajar el mundo. Como ya era tarde para seguir y yo quería visitarla antes de seguir viaje, aprovechamos e hicimos la primer parada, donde Juan probó las tortas de trigo, herencia de la comunidad sirio libanesa de Junín. Es al día de hoy que me pregunto cómo es que a nadie se le ocurrió llevarlas a otras partes del país.

Al día siguiente nos levantamos temprano con la intensión de llegar a Mar del Plata y para darnos una mano, Lujan y Matias nos acercaron hasta Bragado, donde por suerte no tuvimos que esperar mucho y en un periquete ya estábamos en 25 de mayo.

Íbamos avanzando de a poquito, hasta que nos frenó una camioneta que de un tirón nos llevó hasta Rauch. Desde la caja del vehículo veíamos el paisaje interrumpido por un carretón que la chata remolcaba, y no pude evitar pensar en la explicación técnica que mi hermano Gianfranco de 9 años me hubiera dando respecto a las especificaciones de éste. Me di risa de mi misma al descubrir que de tanto escucharlo a él y a mi papá al menos podía distinguir que se trataba de un carretón de dos ejes…. Con el viento constante el sol casi ni se notaba y llegamos a destino pasado el mediodía. Ahí me di cuenta de que si no cambiábamos de rutina íbamos a tener un problema: supongo que cuando Dios le sacó una costilla a Adán no pensó en que a nosotras nos vendría bien también contar con los beneficios de un sistema urinario práctico que te permita ser feliz en segundos y casi sin que nadie se de cuenta. No, Dios no estaba pensando en eso, porque si lo hubiera pensado me habría resuelto un problema… Eran casi las 2 de la tarde y yo no iba al baño desde las 8 de la mañana… salté de la chata derecho a una estación de servicio. Y ahí nomás charlamos a otro camionero que nos llevó hasta Tandil mientras nos mostraba orgulloso una foto de su moto que alcanza una velocidad de 320 km/h…

Traíamos un ritmo envidiable, y pretendíamos llegar a Mar del Plata antes de las seis, pero no contábamos con Tandil. Podríamos decir que ese fue mi primer encontronazo con la ruta, porque la alegría se me apagó como si de un interruptor de energía se tratase. Si tuviera que titular la ciudad, diría que Tandil es la capital de las señas indescifrables. Más de una hora y media esperando. No puedo decir que nos ignoraban, porque no era ese el caso. Todos y cada uno de los conductores tenía una seña distinta que hacer: con un dedito, con el otro, que más acá, que más allá… Todos parecían estar indicando un “voy hasta ahí” o “doblo en la próxima” pero como Juan y yo queríamos aunque fuere avanzar hasta la otra rotonda les decíamos que sí y en ese fugaz contacto de 80 km/h todos nos respondían algo que jamás sabremos qué era.

Malhumorados y buscando explicaciones en donde no las había, cambiamos de lugar a ver si tal vez teníamos más suerte….pero nada. Logramos a la fuerza frenar a una traffic que se apiadó de nosotros y nos acercó hasta la otra salida. Ni bien llegamos tuvimos competencia: otra parejita que se paró unos pocos metros más atrás que nosotros, y al rato otra pareja más que se fue un poquito más atrás. Era lo único que nos faltaba. Nos quedamos esperando otros casi 40 minutos hasta que el primer camión frenó y sin darle tiempo a los rivales salimos corriendo a preguntar para quién era la frenada. Era para nosotros, que a falta de cartel habíamos decidido llamar la atención con un planisferio. Horacio, el chofer, nos contó que nos había visto más temprano pero que al ver el mapa temió que fuéramos extranjeros y que no habláramos español. Le explicamos que salvo el lenguaje de señas tandilenses nos la rebuscamos con los otros idiomas y así entre historia de viaje, otra parada al baño y más historias, terminamos llegando a Mar del Plata cerca de las 8 con una luna enrojecida que desde el camión parecía gigante.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Muestra n° 8 Proyecto Educativo – La Emilia “Un tesoro escondido”

Una semana antes de la partida, en una de esas piruetas mágicas del destino, conocimos a una pareja, mientras vendíamos nuestras postales. Ni bien empezamos a contarles sobre nuestro viaje y el propósito que teníamos en el recorrido, se mostraron muy interesados. No habían pasado ni tres días que ya teníamos una invitación de su parte para ir a dar una charla a La Emilia, un pueblo muy cerca de San Nicolás que yo prácticamente ni conocía.

 

Como estábamos muy sobre la fecha y todas las conversaciones eran por mail, no teníamos demasiada información sobre quién organizaba la charla, ni para qué público estaba dirigida, así que mandamos el proyecto formal y explicamos con detalle el mecanismo. Alejandro nos respondió con entusiasmo y nos contó que el programa que se estaba armando incluía a un par de escuelas públicas, y nos indicó la dirección del centro de jubilados al que debíamos asistir bien temprano. Entendimos que íbamos a ser parte de un evento mayor y allá nos fuimos sin saber bien qué esperar.

El aire de pueblo con sus calles de tierra nos dio un lindo recibimiento. Aunque no estamos lejos de mi ciudad, ya sentíamos que estábamos viajando. Casas sin rejas y un ambiente de tranquilidad en donde Crónica TV parece no existir. Llegamos al salón indicado y fuimos recibidos con mucho interés por Alberto Boscacci, director del Museo Paleontológico de La Emilia. Primer sorpresa: reconozco mi ignorancia, no tenía ni la menor idea de que hubiera un museo de estas características en este lugar. Alberto se puso a nuestra disposición mientras Alejandro y su novia no hacían más que acomodar sillas. Se ve que había mucha gente invitada…

Nos encontramos frente a un problema al ver que en lo alto de las paredes había ventanas por donde se filtraba mucho sol, y al no haber forma de cerrarlas íbamos a tener que oscurecer el ambiente de alguna forma porque nuestro proyector es chiquito. Ahí nos fuimos a comprar afiches negros, y todos trepados intentando tapar las ventanas. Compramos afiches negros que no fueron de gran ayuda, pues el sol nos daba bien de frente. En ese momento a Alberto se le ocurrió una idea: quizá una de las escuelas podría prestar un cañón…pero para eso hacía falta una notebook, que quizá otra de las escuelas también podría prestar… Allá se fue él a hacer la recorrida, con mi mamá de chofer recorriendo La Emilia y nosotros un poco avergonzados de causar tanta molestia y temerosos de no conseguir todo el material. Mientras una de las maestras donaba una cajita de alfileres, uníamos las cortinas blancas a modo de telón y de a poquito todo iba tomando color. Yo igualmente seguía sin comprender bien el carácter del evento. Alguien a las perdidas me había dicho que era el aniversario del pueblo, dato no corroborado, pero yo no veía a ninguna autoridad ni nada de escenografía propia en estos casos.

Alberto llegó con todo el equipo: sin peros ni vueltas nos habían prestado todo, alargue incluido y hasta un micrófono… ahí me di cuenta de que la audiencia era importante. Me daba apuro empezar a preguntar siendo que todos trabajábamos contra reloj y viendo como de a poco los chicos empezaban a llenar el salón, curiosos y expectantes. Había de todo rango de edad: desde nenes de primario hasta los últimos de secundario. A ojo se notaba que superaban los doscientos y reconozco sentí una mezcla de nervios con ansiedad…




Cuando todo estuvo listo Alberto nos preguntó si ya podíamos empezar y ahí me di cuenta de que el evento eramos nosotros… Nos presentó y con algo de timidez comenzamos. Como diría mi abuela Impe: A lo hecho, pecho! Juan se hizo del micrófono mientras que yo opté por alzar un poquito la voz, aunque no hizo falta demasiado. Cuesta creer, pero pese a que éramos muchísimos y que más tarde se sumó más gente, no tuvimos que pedir silencio ni una sola vez. Ni una. Doscientos chicos y no volaba una mosca, atentísimos, respetuosos e interesados hicieron que la timidez se nos pasara en seguida y dimos una charla que se extendió más allá del viaje. Preguntaron de todo, lo que a nosotros nos encanta porque nos permite orientar mejor la charla según lo que ellos quieran saber y tratar de que no se vayan con ninguna duda. No siempre se puede… hubo hasta quién intimó a Juan a ver cuándo se venía el casamiento!!!


La charla se pasó volando, nosotros felices. Es la primera vez que contamos con tanta tecnología, lo que nos permitió disfrutar mucho más de las fotos y es la primera vez que tenemos semejante audiencia. Fue un placer poder hablar sin que nos corra el tiempo, sin que se escape la atención y teniendo como espectadores chicos con tanto interés. Nos fuimos con el corazón lleno…



Y el título del post se debe precisamente a que sentí que en este pequeño pueblo estos acróbatas habíamos encontrado una suerte de tesoro escondido, de esos que ya casi ni se ven: una comunidad propiamente dicha, donde se organizaron con entusiasmo y donde no hubo que dejar nada en garantía para que nos prestaran artefactos que sabemos que son muy costosos, porque “esto está para que los chicos lo usen”. Con esa frase supimos bien que consideraban que lo nuestro era valioso para sus alumnos, y eso nos halagó profundamente. Nos encontramos con gente dispuesta y acostumbrada a trabajar en equipo, que nos abrió las puertas y nos dejó sumarnos y con gente que la lucha desde su humilde lugar, como Alberto. Él es el fundador del museo, es quien junto con Alejandro Chomik y su novia organizaron todo el evento, es quién puso hasta el teatro a nuestra disposición y quien se esfuerza por traer iniciativas a lugares ensombrecidos tal vez por la magnitud de sus vecinos. Con él queda pendiente una visita más a La Emilia que desde ya nos comprometemos a hacer al regreso.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Por su granito de azúcar, muchas gracias!

Este es un breve homenaje a todas esas personas que pusieron un poquito o un montón de su tiempo y sobretodo muchas ganas y energía para ayudarnos a seguir con nuestro sueño. Desde este humilde blog, mis más profundas gracias a todos ellos:

* a toda mi familia por estar siempre conmigo y apoyarme en todas, pero en especial y en primer lugar, a mi abuela Imperio (sí, se llama Imperio y tiene toda la onda), por ser la costurera oficial de estos acróbatas


* a Sebastián Tambutto de Plano Abierto, que no sólo nos bancó todas las pelis que vimos en estos tres meses, sino que fue nuestro agente de prensa y le puso todas las pilas!

* a Umiko, una de las pocas lectoras que Juan y yo compartíamos sin siquiera saberlo y a quien declaramos nuestra madrina web

* a Andrés, encargado de los headquarters en capital, siempre listo

* a mi papá que se las ingenió para arreglarnos la cocinita y ahora viajamos mejor equipados

* a Kurt y Linda por tenernos como dos reyes en Buenos Aires

* a toda la gente que se copó con Un Tango en Tibet, y fueron una, dos y tres veces hasta el Pago Fácil hasta que finalmente funcionó

* a la gente del Diario el Norte y de FM Digital

* al Dr. Javier Zandoli, amigo de la infancia de Juan que terminó siendo médico de mi mamá y que nos armó un botiquín tamaño farmacia

* a Susana del Buen Libro, gracias por permitirnos hacer la presentación

* a la gente de Nicanor Bar, que nos dejaron hacer de una de sus mesas nuestra oficina por un buen tiempo

* a toda la gente que se llevó nuestras postales en la costanera, gracias por su granito

* a “Ivanana”, alguna vecina desconocida que involuntariamente donó su conexión durante casi dos meses

* a los alumnos del Instituto San Juan Bautista por ponerse la camiseta de los acróbatas!

* a Alejandro Chomik por toda la movida de La Emilia, que nos dejó boquiabiertos con una convocación de más de 200 chicos para ver nuestra muestra

* a los chicos de las escuelas por permitirnos mostrarles nuestra visión del mundo y los profesores por darnos el lugar

* y a todos los que están del otro lado, por hacernos siempre el aguante… muchísimas gracias!!!

viernes, 17 de septiembre de 2010

Muestra fotográfica Instituto San Juan Bautista, San Nicolás

Por favor, leer hasta el final

El proyecto educativo que traemos con nosotros en esta travesía es sin duda una parte importantísima del viaje. Nos bastó con un par de muestras para saber que íbamos a amar lo que estábamos haciendo, y que lejos de convertirse en un compromiso, cada charla termina siempre siendo una gran satisfacción. O al menos, casi siempre.
Como hemos ya comentado, nuestro proyecto educativo es gratuito y está orientado a escuelas públicas precisamente porque es allí donde menos iniciativas llegan, y donde a veces los recursos no bastan para poder brindar más. Pero al margen de esto, y a modo de oficiar como una especie de Robin Hood contemporáneo, Juan y yo decidimos que no era una mala idea dar la misma charla en instituciones privadas y pedir a cambio un monto simbólico, que nos ayude a seguir adelante y a poder continuar con nuestro mensaje de tolerancia e intercambio. Pero como bien ya conté en otro post, si tuvimos trabas en mi ciudad para llevar el evento de forma gratuita, ni qué decir de las escuelas privadas.

Por eso cuando recibimos un correo muy entusiasta de parte de Liliana Godoy, directora del Instituto San Juan Bautista, nos dimos cuenta de que esta sería nuestra oportunidad para poner en marcha el plan robinhoodiano. No teníamos demasiado tiempo ya que el mail llegó un miércoles y la invitación era para el jueves, pero aún así organizamos todo para poder estar allí. Según habíamos acordado iban a ser 40 alumnos, a un valor de $3 cada uno. Tres pesos argentinos…menos de lo que sale un paquete de cigarrilos, o una Coca cola, o un dvd pirata. Menos de lo que cuesta llamar a Telefé para que La Mole Moli siga en el bailando… No hubo ninguna objeción, y cuando digo ninguna, es literal. Lo único es que como estábamos tan sobre la fecha, parte nos iban a dar el jueves y el resto el viernes. Ningún problema.

Por ser un colegio privado me sorprendió ya de entrada que el lugar que teníamos disponible fuera mucho más pequeño que el que siempre nos daban en colegios públicos, pero no importa, no por eso nos íbamos a achicar. Empezamos a armar todo para los 40 chicos, pero hubo que amucharse, porque entró otro curso más y, según palabras de la propia directora, eramos en total 60.
Al principió costó, costó el silencio y costó la atención: éramos muchos, no logramos total oscuridad y las imágenes no se veían de lo más óptimo, pero aún así con el pasar del tiempo conseguimos captar el interés de la mayoría, y como siempre terminamos dando una charla con pasión, extendiéndonos en las anécdotas y disfrutando de las preguntas de los chicos. No se si nuestra idea surtió efecto en todos, porque debo reconocer que esta vez no fue fácil, pero me conformo con haber sembrado una duda en unos pocos, y eso sí se que pasó. Después de hora se quedaron algunos chicos a los que me gustaría aprovechar para agradecer, porque ellos son quienes hacen que el balance de esta charla igualmente sea positivo. Jere, Agus y compañía: gracias de corazón...
(La foto esta movida pero lo que vale es la intención!!!)


Terminamos cuando tocó el timbre, y para nuestra sorpresa nos encontramos con que en la escuela ya no quedaba casi nadie, y la encargada de darnos el dinero no estaba muy al tanto de la situación. Nos pagó por un tercio de los alumnos, y acordamos buscar el resto al día siguiente.

Y he aquí donde sucede el gran disgusto. El viernes llegamos a las corridas, porque habíamos estado en La Emilia dando otra charla realmente a todo pulmón. Nos recibió a las apuradas la directora, la misma que nos había escrito y la misma que en nombre del colegio había convenido el valor con nosotros. Nos dio un sobre al paso, donde estaba parte del dinero que faltaba, y sin ningún reparo nos dijo que eso era todo lo que había “que se le va a hacer, no todos los chicos quieren pagar”. No faltaba tanto, eran (y siguen siendo) $40, pero lejos de protestar por la suma, lo que me indignó de entrada fue el descaro y altanería con el que esta señora se desentendió del problema. Lo primero que propuse, antes de llegar a otros términos, es que siendo una escuela privada quizá la cooperadora podía hacerse cargo del resto y luego arreglar entre ellos. Se me rió en la cara, literalmente. ¡Qué cómo se me iba a ocurrir a mí que la cooperadora iba a sacar plata para pagarnos a nosotros! Ya para ese entonces no sabía qué me preocupaba más, si mi rabia o la posible reacción de Juan que estaba más irritado que yo… La señora nos dijo además, que ellos habían arreglado por 40 chicos, que los otros 20 (que OBVIAMENTE vinieron porque ella les indicó) estaban fuera de nuestros planes, como insinuando que habían venido de yapa. Con esa lógica podríamos entonces incentivar a otros padres que no pueden acceder a una cuota que supera los $200 mensuales a que manden a sus hijos igual, total ya hay 20 alumnos que pagan, y según el razonamiento de esta señora el esfuerzo no varía según la cantidad…
En ese momento entró uno de los chicos a pedirnos que le firmaramos un libro, y casi para rematarla Liliana acotó: “Igual, de última, uno de nuestro alumnos compró un libro, así que de ahí también ustedes se llevan”. SIN PALABRAS. Quedamos en mandar a mi mamá el viernes que viene, y más que quedar lo impusimos, porque según la lógica empleada por esta directora “el evento ya pasó y no podemos seguir reclamando”. (Me pregunto entonces si en este colegio las cuotas vencidas no se cobran, o si cuando un chico deja de pagar durante todo un año el año siguiente se puede volver a inscribir, porque total, “ el año anterior ya pasó”)

Decir que salí de ahí enfurecida es poco, me faltan grados de palabras… Que se entienda y quede claro: los $40 es lo de menos. Si su actitud hubiera sido otra, de disculpas, de sencillez, no estaría escribiendo estas letras. Lo que me molestó fue el maltrato, creo que la humildad es una cualidad que ningún ser humano debería dejar de lado. Me descolocó la falta de compromiso de alguien que está a cargo de una escuela, de alguien que acordó algo con nosotros en nombre de esa escuela y que termina responsabilizando a sus alumnos por su falta de respeto. Sentí vergüenza ajena… No hizo más que desvalorizar nuestro trabajo y tratarnos como lo que tal vez ella cree que somos: dos rotosos buscavidas. Señora, permítame decirle: USTED ESTÁ EQUIVOCADA. Somos dos profesionales con estudios, que elegimos involucrarnos de esta manera para marcar la diferencia. Lo que nosotros hacemos vale, que tal vez usted no lo sepa apreciar es otra cosa. Acabábamos de dar una charla contando el respeto con el que nos han tratado en otras partes del mundo, y usted nos ningunea por tan poco… No me llamo cuarenta pesos, me gustaría pensar que usted tampoco.


Luego del precedente post...

...las autoridades del colegio se pusieron en contacto con mi mamá y le hicieron entrega del dinero restante. No fueron $40, sino $58. Lamento si el relato de los hechos causaron ofensa alguna, me limité a contar lo que viví. Es una pena haber tenido que llegar a estas instancias. Dejo constancia de todas formas de que finalmente se cumplió con lo pactado.

martes, 14 de septiembre de 2010

¿Y vos por qué viajas?


Yo viajo fundamentalmente porque me hace feliz. Viajo porque me hace sentir libre, dueña de mi tiempo, mi espacio, mi cuerpo y mi voluntad. Viajo porque soy una soñadora incurable que cree que no hay nada imposible, y si miro hacia atrás me doy cuenta de que desde hace muchos años vengo haciendo todo bajo esa creencia. Viajo porque no quiero que nadie me cuente como es el mundo ahí afuera: quiero verlo yo misma. Viajo porque soy curiosa e ingenua, y me encanta serlo…. Viajo porque elijo hacerlo, porque no creo que haya algo más triste que hacer lo que los demás esperan de nosotros sin detenerse a pensar. Viajo porque no creo en los problemas inventados, ni en los psicólogos indispensables, ni en los reality shows; creo en una realidad diversa fuera de nuestro círculo rutinario. Viajo porque el mundo es un gran escenario como para bailar siempre en la misma esquina. Y viajo también porque quiero hacer de mi vida algo maravilloso…así que acá vamos. ¡Ya estamos en la cuenta regresiva!

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Muestra n° 7 Proyecto Educativo – Escuela Media 7, San Nicolás. “Lo más simple de las cosas”


Desde que aterrizamos por mis pagos hace ya casi tres meses, Juan y yo venimos intentando llevar a alguna institución pública nuestro proyecto educativo. Si bien debo reconocer que nunca fui una nicoleña fervorosa para con mi ciudad, sentía que era justo compartir con mi gente esta muestra que pensamos llevar por todo el continente.

Empezamos sugiriendo la idea de a poco: a personas conocidas o a amigos de amigos que trabajaran en educación, con la esperanza de que eso nos ayudara o nos diera un voto de confianza. Pero el tiempo pasaba y las negativas eran cada vez más, y las excusas más ridículas (hubo hasta quien nos pidió que entregáramos un informe por escrito explicando el impacto psicológico que pretendíamos tener en los chicos de acuerdo a las distintas edades y etapas de la adolescencia). Lejos de darnos por vencidos nosotros seguíamos insistiendo: no se si seremos realmente tan locos, pero tanto Juan como yo estamos verdaderamente convencidos de que lo que hacemos vale, y nos daba mucha pena encontrarnos con tantas trabas, siendo que lo único que queremos transmitir es un mensaje de tolerancia en esta sociedad segmentada de hoy en día.

Pero lo cierto es que nadie nos abría las puertas, con el pretexto de que todo debe pasar por previa aprobación del Ministerio, de la Inspectora, y de Jesús y María Santísima, que seguramente tienen las narices más inmiscuidas en papeles y sellos que en lo que pasa realmente por la cabeza de los chicos… Sé que me estoy extendiendo, pero no puedo ahora evitar recordar la sarta de charlas “gratuitas con colaboración obligatoria” que durante el secundario me hicieron escuchar: desde el marido de una profesora, que siendo ex combatiente nos juraba y perjuraba que la guerra de Malvinas había sido un invento de los medios y que nadie se había muerto, hasta la de una flaca del Incucai que nos dijo a todos que por culpa de indecisos como nosotros había gente que se estaba muriendo y hasta nos catalogó de asesinos, mientras la directora se debatía entre meter la cabeza atrás del pizarrón o darle con el mismo pizarrón por la cabeza a la que hablaba.
Yo comprendo que chequeen las fotos que vamos a mostrar previamente, pero seamos sinceros: ¿qué podemos decir que sea más ofensivo o corrosivo para el cerebro que los mensajes de “MANDA COLA AL 2020” las 24 hs del día, o Ricardo Fort como ícono televisivo y ejemplo a seguir.

En fin, tengo mucho más para decir al respecto pero no quiero irme de tema, porque en realidad el objetivo de este post es contarles sobre la charla que finalmente pudimos dar y que terminó siendo una experiencia sencillamente maravillosa. Después de insistir y comentarle a mucha gente, la propuesta llegó a oídos de Sandra Flores, profesora de Derecho de la Escuela Media 7. Ella se lo propuso a Haydeé, la directora, y nos dieron cita para el viernes a la mañana.

La muestra la preparamos con detalle: después de mucho conversar, Juan y yo llegamos a la conclusión que lejos de hacer alarde de todo lo que hemos vivido, lo que a los dos nos motiva para seguir trabajando en esto además de desmitificar estereotipos impuestos por los medios, es animar a la gente a viajar, es gritar a los cuatro vientos que no somos ricos sino un poco locos, y que el mundo está al alcance del que se anime a vivirlo. Con ese criterio armamos la muestra de más de cien imágenes y por primera vez incluimos fotos mías. Y el viernes a la mañana madrugamos y fuimos hacia la escuela.
Allí nos estaban esperando todos. Y bien digo todos porque la idea no era charlar sólo con el curso de Sandra, sino con toda la escuela, lo que suma cerca de cien chicos. Confieso que me sentí un poco nerviosa de que fueran tantos…

Sin embargo, como bien dije antes, toda la experiencia fue más que positiva: dimos con una escuela sumamente predispuesta, con un ambiente que juro jamás presencié en ninguna de las tres escuelas privadas a las que fui, donde el único sinónimo de disciplina o respeto era llevar el uniforme prolijo… Acá por el contrario nos encontramos con un establecimiento acostumbrado a hacer las cosas a pulmón, donde las puertas de la dirección estuvieron abiertas todo el tiempo que estuvimos ahí, donde lejos de guardar cualquier formalidad la directora invitaba a los curiosos que se asomaban a saludarnos, donde la simpleza y humildad se veían en la forma de tratar a los chicos, como individuos y no como números o billeteras, y en donde el ejemplo de integración empieza por casa: sin achicarse ante la diversidad, la escuela ha integrado a sus alumnos a un chico no vidente que se desenvuelve con toda soltura.
Todo este ambiente hizo que hasta nosotros nos sintiéramos contenidos y nos dio la tranquilidad de poder hablar con los chicos con confianza, como me hubiera gustado que alguien me hablara a mí en esa época en donde viajar parecía solo un gran sueño.
No hizo ni falta pedir silencio, y respondimos muchas preguntas. Así que nos fuimos felices, y no solo eso, sino hasta con un increíble diploma bajo el brazo!!!


Una vez más, gracias Escuela Media 7 por abrirle las puertas a estos viajeros.


(Como Juan es muy alto cuesta que salga entero en la foto...!)