jueves, 5 de marzo de 2009

Sadia sadia, rica sadia!

Bueno, se viene el ultimo barco. Pensé en tomarme un avión, pero me gaste la $ en recuerdos, y además no quiero irme sola, es mas cómodo si vamos los 2. La idea es llegar a hacer noche en Tegucigalpa y para eso tenemos unas cuantas horas de bus. Cuando llegamos a la estación del ferry me sorprendo porque no es nada que ver con la del Utila Prince. Esta parece un aeropuerto: despachan tus valijas, hay sala de preembarque y pasan el equipaje de mano por la cinta para ver el interior, mientras uno pasa por el detector de metales. Muy pro. El barco tampoco tiene mucho que ver con el anterior, este es mas grande, tiene 2 pisos y hasta 1era clase. Yo por las dudas no desayune, pero no creo que se mueva mucho. Me siento arriba en un lugar al descubierto, para que me de el viento en la cara, y salimos. Efectivamente no se mueve mucho, pero yo estoy muy frágil. Joao se sienta un par de asientos mas allá, y al lado de el se sienta un senior mayor que no pierde su tiempo y comienza a hablar de Cristo, el cielo y el infierno y cosas así. Cuando me hablan a mi normalmente opto por dejarlos hablar y darles la razón, o de forma muy cortante (y hasta a veces mal educada) les hago saber que no me interesa. Joao no. Le encanta discutir sobre temas sobre los que todo el mundo sabe que NO hay que discutir. Así que mientras yo me concentro: `no voy a vomitar, no voy a vomitar, no voy a vomitar`, Joao se concentra en convertir al señor, quien a su vez está haciendo su mejor esfuerzo por convertir a Joao. La verdad es que la conversación se torna algo interesante y hasta divertido, pero no es bueno reírse cuando se lucha contra futuras nauseas. El senior habla de cuando Dios creó al hombre y Joao responde: “Si Díos creó al hombre, quien creóos?, díceme? (s’i, Díos con acento en la i). Fin de la discusión. El señor se queda sin argumentos y Joao fica todo contento. Se larga a llover así que vamos adentro y a los 10 minutos llegamos. Buscamos las mochilas, tomamos un taxi y vamos a tomar un bus para Tegucigalpa. Son las 9:30. Miro el bus y de pensar que me esperan 7 hs ahí adentro ya me duele la cola… Se hace duro el viaje, y me da bronca porque no son tantos km, pero el transporte es terrible y las rutas también. El viaje no tiene nada de interesante, es incomodo y encima hacen pocas paradas y nosotros tenemos mucho hambre. En una de esas sube un vender ambulante al grito de “Sadia, sadia, rica sadia!”. No sabemos bien que es, tiene aspecto a torta frita, pero chiquita. A mi pregunta de si son dulces o saladas, el vendedor responde: “Mantequilla, harina, maní, fruta” y algo mas que no logro comprender. Repito mi pregunta y el repite su respuesta incomprensible. Tenemos tanto hambre que compramos igual, pero soy un buen caballero jajaja y dejo que Joao pruebe primero. Su expresión es incomprensible y cuando repito mi pregunta de si son dulces o saladas, me mira, sonríe con la boca llena y me dice abriendo sus ojos: “no se!”. Hago yo el intento y es verdad jajaja es imposible definir el sabor, no se sabe si son dulces o saladas porque son las dos cosas al mismo tiempo. Me da mucha risa, pero tenemos hambre y las comemos igual. De qué están hechas las sadias…jamas saberlo.
Llegamos a Tegucigalpa pasadas las 5 de la tarde. Es un caos la ciudad y no parece muy bonita. Nos acomodamos en un hotel, salimos a da una vuelta, comemos algo y a dormir. Estamos en pleno centro histórico, no esta tan mal.

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